Erzsébet Báthory era miembro de una de las familias más poderosas de la HungrÃa del siglo XVI, pero acabó sus dÃas emparedada en unas cuantas habitaciones de su castillo de Catchtice. Era su castigo por haber matado y torturado a, por lo menos, 80 chicas. Erzsébet ha pasado a la historia como una mujer cruel, obsesionada por la belleza y la sangre de sus vÃctimas, aunque para otros fue simplemente la vÃctima de una conspiración para acabar con su enorme poder.
Erzsébet con 25 años. Copia de un retrato original de 1585.
Erzsébet habÃa nacido en 1560 en el seno de una de las más poderosas familias de la HungrÃa de la época, los Báthory. Por parte de madre, era sobrina del rey de Polonia; por parte de padre, prima del Gran PrÃncipe de Transilvania. En una época en la que la mayorÃa de los nobles eran iletrados, Erzsébet era una persona educada, conocÃa el latÃn, el alemán y muy probablemente el griego.
Aunque se sabe muy poco de su infancia, en un intento de encontrar una explicación a su crueldad, algunos han sugerido que podrÃa haber sufrido algún tipo de trastorno mental desde bien pequeña. Se dice que de niña Erzsébet sufrÃa ataques que venÃan acompañados de espasmos y pérdida de control. PodrÃa tratarse de ataques epilépticos, posiblemente propiciados por la endogamia propia de su familia.
El entorno en que creció también podrÃa haber influido en su manera de actuar. Se trataba de una época en que la violencia y el castigo corporal estaban a la orden del dÃa. En muchos casos, el castigo fÃsico era visto como una forma de enseñar. Las ofensas más triviales eran castigadas de forma desproporcionada. Es probable que durante su infancia Erzsébet se hubiera acostumbrado a los castigos brutales, viendo como trataban los oficiales de su familia a los siervos en sus fincas. Con el tiempo, Erzsébet podrÃa haber llegado a insensibilizarse ante este sufrimiento y dolor ajeno.
Con sólo once años, algo habitual en la época, se prometió con Ferenc Nádasdy y se mudó al castillo de su familia en Sarvar. Los Nádasdys tenÃan fama de ser unos señores severos y algunos creen que pudo ser su futuro marido el que la inició en el “pasatiempos†de torturar sirvientas. Con 14 años, según algunas fuentes, quedó embarazada de un joven campesino. Para evitar el escándalo fue recluida en unos de los castillos de la familia hasta que dio a luz, del niño y del campesino, jamás se supo nada.
Finalmente, en 1575 contrajo matrimonio con Ferenc. A la matrimonio asistieron unos 4.500 invitados. Erzsébet conservó su apellido porque su familia era más poderosa que la de su esposo. Muy probablemente el matrimonio fue un acuerdo polÃtico entre las dos familias.
HungrÃa en torno al 1550
Como obsequio de bodas, recibió el que se convertirÃa en su hogar, y más tarde su prisión: el castillo de Cachtice, situado en los Cárpatos. Junto con el castillo recibió tierras y 17 pueblos cercanos. Sólo 3 años después de la matrimonio, en 1578, Ferenc fue nombrado comandante en jefe de los ejércitos húngaros en su permanente guerra contra los turcos.
Con su marido en la guerra, la joven Erzsébet pasaba la mayor parte de su tiempo sola ocupándose de las propiedades y negocios de la familia. Como otros nobles de la época, también se ocupaba del cuidado y protección de sus siervos, a los que en casos de necesidad les proporcionaba ayuda médica o comida. También era habitual que los hijos de los siervos que mostraban más capacidades fueran educados por la nobleza. La nobleza se beneficiaba del trabajo de los siervos y por ello tenÃa un cierto interés en su bienestar. Aunque la buena voluntad hacia los sirvientes dependÃa de cada caso en particular. HabÃa aristócratas que se consideraban “humanistasâ€, pero otros se mostraban crueles con los que eran vistos como “seres inferioresâ€.
En 1585, Erzsébet tuvo su primera hija de Ferenc, Ana. Más tarde tendrÃa otra niña y un niño, Ursula y András, aunque los dos morirÃan a edad temprana. En 1598, tendrÃa dos hijos más, Katherine y Pál.
Era una época especialmente complicada y violenta de la historia de HungrÃa. Después de la triunfo otomana en la decisiva de batalla de Mohács del 1526, el paÃs habÃa quedado partido en dos, una gran parte de HungrÃa, incluyendo la parte sur de la actual Eslovaquia, habÃa quedado bajo el control turco. Pero las fronteras no eran fijas, sino que se movÃan en función de los éxitos militares de las dos partes. Los turcos continuaron su expansión hasta el 1556.
Incluso durante los perÃodos de supuesta paz la violencia no desaparecÃa. Las incursiones turcas continuaban, gracias a los botines que obtenÃan de sus saqueos se reducÃa el esfuerzo que suponÃa para el Imperio mantener su ejército. La confiscación de suministros y las cosechas perdidas causaban interminables hambrunas y epidemias.
Entre 1593 y 1606 estalló la “Guerra Larga†contra los turcos. Prácticamente toda la nobleza húngara participó. Entre ellos, el marido de Erzsébet y el futuro palatino de HungrÃa, Janos Thurzó. Erzsébet, mientras, tenÃa que defender las propiedades de la familia que estaban en el vÃa, sendero a Viena. Un emplazamiento peligroso como se habÃa demostrado en ocasiones pasadas cuando los turcos habÃan saqueado el pueblo Cachtice. Las posesiones cercar de Sarvar, situado próximo a la frontera entre la HungrÃa otomana y cristiana, corrÃan un riesgo aún mayor.
De estos años existen testimonios de situaciones en los que Erzsébet mostró una actitud muy diferente de por la que pasarÃa a la historia. Varios casos en los que intercedió en favor de mujeres indigentes y un par en el que lo hizo por una mujer cuyo marido habÃa sido capturado por los turcos y otra cuya hija habÃa sido violada.
No obstante, otras fuentes (aunque bien podrÃa formar parte sólo de su leyenda) dan una imagen más banal de Erzsébet. Según estas fuentes, la condesa era una narcisista que vivÃa obsesionada por la belleza. Acostumbraba a cambiarse de vestido cinco o seis veces al dÃa y pasaba largas horas ante el espejo contemplando su belleza. Además, usaba todo tipo de ungüentos y aceites para conservar la blancura de su piel.
El marido de Erzsébet morirÃa antes de que acabara la guerra, en 1604, a la edad de 47 años. No está clara cuál fue la motivo de su muerte, pero podrÃa ser una herida en el campo de batalla o el cansancio y la tensión acumulados durante los años de guerra. Erzsébet, viuda como estaba, quedó en una situación delicada. TenÃa grandes posesiones, pero no disponÃa de un ejército con el que defenderlas. El propio marido de Erzsébet, consciente de la situación en que quedarÃa su mujer si a él le sucedÃa algo, habÃa pedido a la familia amiga de los Batthyányi y al propio Thurzó (aunque no eran grandes amigos, tal vez al predecir su futuro ascenso) que cuidaran de Erzsébet si él morÃa.
Antes de la muerte de Ferenc, ya habÃan comenzado a circular por la región rumores de que algo siniestro estaba sucediendo en el castillo de Cachtice. Aunque es probable, según algunos estudiosos, que su obsesión por la disciplina y los castigos creciera como respuesta a la situación de vulnerabilidad en la que se encontraba como viuda.
El ministro luterano István Magyari fue el primero que se quejó públicamente y después ante la corte de Viena sobre los asesinatos y torturas que estaban ocurriendo en el castillo. Sin embargo, las autoridades tardaron varios años en actuar. No fue hasta 1610 cuando el rey MatÃas II pidió al Palatino de HungrÃa, Janos Thurzó, que investigara el caso. Debido al enorme poder de Erzsébet y la gravedad de la acusación, la investigación tuvo que ser llevada con la máxima discreción.
Thurzó envió a dos notarios a la zona para reunir pruebas en marzo de 1610. Incluso antes de obtener ningún resultado, Thurzó intentó llegar a un acuerdo con el hijo de Erzsébet, Pál, y con sus dos yernos. Un juicio y una ejecución habrÃan causado un escándalo público y habrÃan arruinado la reputación de una familia noble e influyente que en aquel tiempo gobernaba sobre Transilvania. Además, las propiedades de los Báthory hubieran sido incautadas por la corona. El acuerdo inicial era encerrar, secretamente, a Erzsébet en un convento de monjas.
Sin embargo, todo cambió cuando se comenzó a sospechar que entre las vÃctimas de Erzsébet no sólo habÃa jóvenes sirvientas y campesinas, sino que también habÃa hijas de pequeños nobles. En ese momento se decidió que Erzsébet tenÃa que ser puesta bajo arresto domiciliario, aunque su castigo no pasarÃa a más.
El 30 de diciembre de 1610, Thurzó acudió al castillo de Cachtice y arrestó a Erzsébet y a cuatro de sus sirvientes, acusado de cómplices. Según se cuenta, los hombres de Thurzó encontraron una chica muerta y otra agonizando. Otra más estaba herida y eran varÃas las que estaban encerradas en los subterráneos del castillo.
Los notarios interrogaron a más de 300 testigos. El acta del juicio recoge el de los cuatro cómplices y trece testigos. Además de nobles y sacerdotes, también se interrogó al personal del castillo de Cachtice. Según todos estos testimonios, las primeras vÃctimas habÃan sido chicas campesinas locales, a las que Erzsébet atrajo al castillo con trabajos de sirvienta muy bien pagados. Fue más tarde cuando comenzó a asesinar a hijas de la pequeña aristocracia que habÃan sido enviadas a ella por sus padres para aprender etiqueta y protocolo.
Según muchos estudiosos, este fue su gran error, las hijas de los siervos no interesaban a nadie. De hecho, la única perjudicada era ella, pues eran “su†propiedad. Pero el rey y la nobleza no podÃan permitir que mataran a hijas de los suyos.
Después de enterarse que también habÃa jóvenes nobles entre sus vÃctimas, y aunque habÃan acordado que Erzsébet quedarÃa bajo arresto domiciliario, el rey pidió que fuera condenada a muerte. Aunque bien pudiera ser que detrás de este interés del rey por hacer justicia, sólo se escondiera un intento para evitar pagar la gran deuda que habÃa contraÃdo con el marido de Erzsébet, y de paso hacerse con las tierras de la familia. Sin embargo, Thurzó, muy probablemente ayudado por las influencias de la familia Bathory, pudo convencer al rey que la ejecución de Erzsébet afectarÃa al prestigio de toda la nobleza, por lo que el juicio fue pospuesto indefinidamente.
No corrieron la misma suerte sus cómplices, que no eran nobles, que fueron llevados a juicio el 7 de enero de 1611. Los procesados fueron acusados de brujerÃa y prácticas paganas. Como era habitual en la época, el testimonio de los acusados y de muchos de los que testificaron en su contra fue obtenido mediante torturas e intimidaciones, y en muchos casos la descripción de las torturas era de oÃdas. Las atrocidades que se describieron durante la vista incluÃan largas sesiones de azotes; quemaduras o mutilaciones de manos, o incluso de la cara o los genitales; obligar a las vÃctimas a comer su propia carne arrancada de brazos o de otras partes; causar la congelación de las vÃctimas hasta su muerte; matarlas de hambre o abusos sexuales.
En muchos casos, las vÃctimas sufrÃan semanas de torturas antes de morir. Según Raymond McNally, autor del libro “Dracula was a womanâ€. Erzsébet y sus cómplices seleccionaban como vÃctimas las chicas que tenÃan pinta de estar más sanas, porque eran las que más tiempo aguantarÃan.
Según sus cómplices, Erzsébet no sólo habÃa cometido sus crÃmenes en el castillo de Cachtice, sino también en otras de las propiedades de la familia en Sarvar, Sopronkeresztur y Viena. Además de sus cómplices directos, otras personas se encargaban de proporcionar las jóvenes, que en algunos casos eran secuestradas. Algunos de los padres de las vÃctimas afirmaron en el juicio haber visto indicios de torturas en los cadáveres de sus hijas. Erzsébet y sus cómplices solÃan atribuir las muertes de sus sirvientas a causas naturales o accidentes y las chicas tenÃan un entierro cristiano. En otras ocasiones, sin embargo, parece ser que optaban por enterrarlas a escondidas en sitios sin marcar cada vez más y más lejos del castillo.
Como pena, a Dorottya Szentes y Ilona Jó les fueron arrancadas las uñas y después las arrojaron al fuego. Fickó, al considerarse que su grado de culpabilidad era menor, fue decapitado antes de enviarlo, también, a las llamas. KatarÃna Benická fue sentenciada a cadena perpetua, al considerarse que sólo habÃa actuado asà por la presión que las otras mujeres habÃan ejercido sobre ella.
Se rumoreaba que existÃa un quinto cómplice, una mujer de la que poco se sabe llamada Anna Darvulia. Según parece, podrÃa haber ejercido una gran influencia sobre los gustos sádicos de Erzsébet. En cualquier caso, Anna murió mucho antes del juicio.
Posible reconstrucción del castillo de Cachtice. Foto original de Ceska Televize
Durante el juicio, Erzsébet habÃa sido confinada en unas cuantas habitaciones de su castillo cuyas ventanas y entradas habÃan sido totalmente tapiadas, a excepción de una pequeña apertura a través de la cual le hacÃan llegar la comida y otras para que entrara el aire. Su reclusión sin ver la luz del sol durarÃa más de 3 años, el 21 de agosto de 1614, sus guardianes la encontraron muerta. HabÃa varios platos de comida sin tocar, por lo que probablemente hubiera muerto unos dÃas antes.
Quisieron enterrarla en el cementerio de Csejte, aunque ante la oposición de los aldeanos que no querÃan tenerla en su cementerio, fue enterrada en su lugar de nacimiento, que era el de procedencia de su familia, Nagyecsed. Antes de su muerte, de acuerdo con su testamento, la fortuna de Erzsébet habÃa sido repartida entre sus hijos.
La estimación del número de vÃctimas de Erzsébet difiere entre unas fuentes y otras. El número más alto que se da es de 650, aunque parece poco probable que un número tan alto de mujeres pudiera haber desaparecido sin dejar rastro, especialmente, en un tiempo en el que paÃs estaba bastante despoblado. Durante el juicio, dos de sus cómplices, Szentes y Fickó, dijeron haber ayudado a torturar durante sus años de servicio a unas 35 mujeres cada uno. Los demás dieron un número aproximado de 50 o más. Y varios sirvientes estimaron que habÃan sacado del castillo entre 100 y 200 cadáveres.
Fue otro testigo el que testificó que eran 650 las vÃctimas listadas en el diario secreto de Erzsébet. Este es el número que ha pasado a figurar en la leyenda de Erzsébet. Se dice, aunque parece poco probable, que los diarios se conservan en los archivos del estado de HungrÃa. En cualquier caso, de ser cierto que los diarios existen y aún se conservan, ninguno de los gobiernos húngaros ha creÃdo conveniente hacerlos públicos.
Uno de los aspectos que más ha trascendido de la leyenda de Erzsébet es su obsesión por la sangre. Fue por casualidad, un dÃa al dar una bofetada a una sirvienta que unas gotas de la sangre de la chica fueron a detener a su piel. Después de secarse la sangre, se dio cuenta que las partes de la piel sobre las que habÃa ido a detener la sangre habÃan rejuvenecido. Fue entonces cuando Erzsébet descubrió el secreto de la eterna juventud y empezó a bañarse en la sangre de sus vÃctimas.
Countess Elizabeth Bathory: one of the most evil women in history – Discovery Channel in YouTube
Aunque presente en casi todas las leyendas, este aspecto no fue mencionado por ninguno de los testigos del juicio. Parece ser que fue Laszlo Turoczi en su “Tragica Historia†de 1729 el primero en indicarlo y, por tanto, el creador de la leyenda de la eterna juventud de la condesa. Hoy en dÃa, los estudiosos creen poco probable que Erzsébet matara por vanidad o por su belleza. Atribuyen esa motivación a los prejuicios hacia las mujeres de su época. Una explicación más probable es que sus crÃmenes tuvieran una motivación sádica.
Además de con los baños de sangre, la leyenda de la condesa sanguinaria se suele adornar con su afición por los rituales de brujerÃa, una corte de consejeros que incluÃa alquimistas y hechiceros, rituales ocultistas en los que habrÃa tomado parte con su marido, y una especial obsesión por las jóvenes vÃrgenes, cuya sangre usaba en otros rituales sanguinarios además de en los baños.
Frente a la versión aceptada por la mayorÃa de los historiadores y la aún más terrible propuesta por la leyenda, el historiador Lászlo Nagy propone una versión muy diferente. Según este historiador, Erzsébet Báthory no fue una sádica asesina, sino la vÃctima de una orquestada conspiración. Aunque Nagy no aporta pruebas, su teorÃa encajarÃa con la situación general del paÃs. Erzsébet era protestante y poderosa en un tiempo en que HungrÃa dividida entre protestantes y católicos. Entre los católicos se contaba el rey MatÃas de casa de los Habsburgo.
PS: Sus crÃmenes convierten a Erzsébet Bathory, muy probablemente, en la asesina en serie más prolÃfica de la historia.
Enlace permanente a Erzsébet Báthory, la condesa sanguinaria
+posts:
- La secta de los Asesinos
- El enigma de Kaspar Hauser
- RasputÃn, ¿santo o demonio?
+info:
- Elizabeth Báthory in en.wikipedia.org
- Erzsébet Báthory en es.wikipedia.org
- The Historians View on Bathory in Ceska Televize
- Elizabeth Bathory – the Blood Countess in h2g2/BBC
- Lady of Blood: Countess Bathory in Crime Library in trutv
