Jill Price, la mujer que no puede olvidar
Jill Price, una mujer de Los Angeles nacida en 1965, sorprendió a cientÃficos y a público en general en 2006 cuando se dio a conocer su caso en la revista Neuroscience. Jill poseÃa una memoria autobiográfica extraordinaria que le permitÃa recordar cada uno de los dÃas de su vida desde que tenÃa 14 años de edad. Aparentemente, el cerebro de Jill funcionaba de una manera totalmente diferente a lo conocido.
Jill Price en su casa. Foto original Wired Todo comenzó un dÃa de junio del 2000, cuando Jill estaba buscando en internet información sobre otras personas que les sucediera lo mismo que a ella y fue a detener a la página web de James McGaugh, un experto en neurociencia, especializado en aprendizaje y memoria. Jill decidió enviarle un email explicándole su caso y, sorprendentemente, en sólo 90 minutos McGaugh le habÃa respondido diciéndole que estaba interesado en conocerla en persona y saber más de su caso.
Aunque era bastante escéptico en un comienzo, origen, McGaugh no tardó en convencerse que la habilidad de Jill no era normal y era auténtica. En febrero de 2006, después de cinco años entrevistándose con Jill, McGaugh y su equipo publicaron el artÃculo en la revista especializada Neurocase sobre el caso, la identidad de Jill se escondÃa tras las iniciales “AJâ€. Los investigadores se referÃan a su sÃndrome como “hipertimesiaâ€, del griego “hyperâ€, “superior a lo normalâ€, y “thymesiaâ€, “memoriaâ€.
A los pocos dÃas, la historia saltó a los periódicos nacionales y de allà a la televisión. Jill fue entrevistada en la cadena NPR y, más tarde, un editor logró averiguar su nombre y localizarla para cerrar un acuerdo para publicar un libro en el que Jill contarÃa su propia historia, con su verdadero nombre. A dividir de ahÃ, Jill se convirtió en un fenómeno mediático, apareciendo en los programas más importantes de la televisión norteamericana.
En sus conversaciones con McGaugh, Jill afirmó que el recuerdo más temprano que conserva es de ella misma estando en la cuna, con una edad de entre 18 y 24 meses, despertándose asustada por los ladridos del perro de su tÃo. Jill era capaz, también, de recordar el nacimiento de su hermano, cuando ella tenÃa 3 años y 9 meses de edad.
Un dÃa en el diario de Jill. Foto original WiredSin embargo, su memoria con esa edad parece ser que era normal. Fue a la edad de 8 años, con la mudanza de su familia a Los Angeles, cuando comenzó a notar cambios. La propia Jill reconoce que esta mudanza le supuso un trauma y sin quererlo comenzó a obsesionarse por la vida que dejaba atrás. Comenzó a hacer listas de amigos y a pasar mucho tiempo mirando fotos de su antigua casa, pensando en el pasado. Los expertos creen posible que un trauma asà pudiera haber provocado cambios permanentes en el cerebro de una niña, como el de Jill.
Jill sostiene que es a dividir de la mudanza cuando sus recuerdos comienzan a ser más claros. Jill recuerda que un dÃa con 12 años, mientras estudiaba con su madre, se dio cuenta que podÃa recordar muy vivamente los detalles del curso anterior y algunas fechas exactas. Aunque es cierto que Jill puede recordar muchos dÃas del perÃodo de su vida que va desde entre los 8 a los 13 años de edad, no puede recordar cada uno de ellos, y además tiene que hacer un esfuerzo para que estos recuerdos surjan. Es a dividir del 1980, a dividir de los 14 años de edad, que sus recuerdos comienzan a ser “automáticosâ€.
La memoria de Jill comienza a ser extraordinaria y capaz de recordar con gran precisión su propia vida, aunque se comporta como la media con el resto de asuntos. Asà por ejemplo, en la escuela no destacó especialmente y tenÃa las mismas dificultades que los demás a la hora de memorizar fechas en historia, aprender aritmética o recordar palabras nuevas en un idioma extranjero. Sin embargo, todavÃa hoy en dÃa es capaz de recordar cada uno de sus profesores desde la guarderÃa.
A los 10 años, Jill comenzó a escribir un diario. Según los expertos, este es un buen método para recordar más de cada dÃa, no sólo porque crea un registro tangible sino porque obliga a reflexionar. Sin embargo, en el caso de Jill, el diario se convirtió en una obsesión por “anotar las cosas†porque si no se mantendrÃan en su cabeza. Jill mantendrÃa el hábito hasta cumplir los 34 (50.000 páginas en total) aunque rara vez revisaba lo que habÃa escrito.
Jill describe sus propios recuerdos como escenas de pelÃculas familiares de cada uno de los dÃas de su vida, viéndose constantemente en su cabeza. Puede estar hablando con alguien y al mismo tiempo estar viendo cualquier escena de su pasado. SerÃa como mirar una televisión con la pantalla partida en la que se pueden ver dos canales diferentes a la vez. En uno de los lados, el presente; en el otro, su pasado, su memoria saltando de un momento a otro, hacia atrás y hacia delante, de manera incontrolada.
Una de las colecciones de Jill. Foto original de Jill PriceJill dice no poder detener su propia memoria, sino que esta funciona de manera descontrolada y automática. Tampoco sabe qué será lo próximo que recordará. Los recuerdos simplemente aparecen en su cabeza, algunas veces cuando alguien menciona una fecha o un nombre, o simplemente al oÃr una canción en la radio. No importa si Jill quiere recordar ese dÃa o no, su mente revive ese instante viéndolo “tal como lo veÃa ese dÃaâ€, y rápidamente salta a otro y de ahà al siguiente.
Sin embargo, no siempre es asÃ, otras veces es Jill la que provoca todo este proceso ya que también puede recordar a voluntad, de hecho, reconoce que solÃa pasar mucho tiempo pensando en fechas, “viendo†los dÃas.
A priori, puede parecer que poseer una memoria como la de Jill es un obsequio. De hecho, la propia Jill reconoce que muchos de sus recuerdos le proporcionan ánimos y seguridad, pero en otros casos sucede todo lo contrario. Jill recuerda todos los errores, todas las decisiones equivocadas y todas y cada una de las situaciones embarazosas y desagradables de su vida. Es por esto, que lejos de considerar su habilidad una bendición, Jill la considera una maldición a la que de muchos años de depresión por sus recuerdos.
Jill recuerda como su situación personal se veÃa agravada por la incomprensión de los demás, a los que le resultaba imposible hacer entender lo que sucedÃa en su cabeza. Cuando Jill explicaba a sus padres como los recuerdos la “asaltabanâ€, no le entendÃan. Su madre se limitaba a decirle que no le diera tantas vueltas a las cosas. Aunque no es de extrañar, ya que ni ella misma entendÃa del todo lo que le pasaba y ante la imposibilidad de hacerlo entender a los demás comenzó guardárselo para sà misma.
Aunque todo cambió a raÃz de dar con McGaugh. Este investigador y su equipo la ayudaron a ver su propia vida de otra manera y entender el papel tan poderoso que juega la memoria en la vida de las personas y en construir la propia percepción que tenemos de nosotros mismos. La gente “normal†construye su propia biografÃa mediante una selección de recuerdos, pero, también, de olvidos. Un proceso que continuamente va evolucionando como lo hace la imagen que tenemos de nosotros mismos. Jill, sin embargo, no puede hacer lo mismo, dentro de ella están todos los “yos†de cada uno de sus dÃas, como si fuera una muñeca rusa.
Brad Williams, recuerda cada uno de los detalles de estas vacaciones familiares de 1964, tenÃa 7 años. Foto original CNNHan pasado los años, pero los cientÃficos todavÃa no han encontrado una explicación definitiva para la sorprendente memoria de Jill. Los escáneres cerebrales parecen indicar que algunas partes de su cerebro son de tres veces más grandes de lo habitual. Estas áreas son el núcleo caudato y una parte del lóbulo temporal encargada del almacenamiento de hechos, fechas y eventos. Según los investigadores, estas dos áreas podrÃan estar trabajando juntas, en el cerebro de Jill, de una manera desconocida hasta la fecha, habiendo convertido en automático hacer de cada detalle del dÃa un recuerdo.
Estas dos áreas, además, están relacionadas con los trastornos obsesivo-compulsivos. De hecho, su cerebro tiene un cierto parecido con el de las personas que sufren este trastorno. Según McGaugh, coleccionar y acumular cosas son dos de los sÃntomas más claros de este tipo de trastorno y no cree que sea una mera coincidencia la afición por el coleccionismo de cosas y el de recuerdos que presenta Jill.
Sin embargo, no se han encontrado diferencias en otra área del cerebro esencial para el aprendizaje y la memoria autobiográfica: el hipocampo. Sin el hipocampo no se podrÃa hacer pasar los recuerdos de la memoria a corto plazo a la de largo. Una de las funciones del sueño, durante el cual el hipocampo vuelve a revivir la actividad diaria, es precisamente mejorar esta consolidación de información.
Otra de las teorÃas que han intentado explicar la extraordinaria memoria autobiográfica de Jill sostiene que Jill podrÃa ser mucho mejor que la media manteniendo recuerdos, pero que también serÃa mucho peor que los demás bloqueando su recuperación.
“Nos hemos obsesionado tanto con la memoria que hemos demonizado el olvido†, afirma Gayatri Devi, un psiquiatra de Nueva York experto en memoria. “Pero si no olvidáramos, recordarÃamos todo tipo de información de nuestra vida y nos ahogarÃamos en un mar de ineficienciaâ€.
Los recuerdos de un acontecimiento singular son, en general, fáciles de recordar, al ser guardados en la memoria de larga duración con conexiones a muchos otros. Sin embargo, ¿Qué pasó durante ese número incontable de dÃas, noches, reuniones, trabajo, viajes en autobús y muchos otros ratos perdidos? Simplemente que no crearon en nosotros una impresión lo suficientemente duradera o simplemente fueron sobrescritos en nuestro cerebro por otras experiencias similares de manera que es difÃcil recuperarlos.
En cierta manera, los recuerdos de cosas mundanas o eventos recurrentes compiten entre sà por ser recordados, según los cientÃficos el cerebro parece estar programado para olvidar todo aquello que no parece importante. Los recuerdos tienden a superponerse, combinarse y desaparecer, por razones que aún se desconocen. Sin contar con que la memoria humana no es perfecta y está sujeta a la contaminación y la distorsión.
La aparición del caso de Jill en la publicación cientÃfica Neurocase propició que surgieran más personas que supuestamente poseÃan la misma habilidad. Aunque la hipertimesia sigue siendo un sÃndrome extremadamente poco común. Hasta la fecha, sólo se han podido confirmar cientÃficamente otros tres casos. Aparte del de Jill, todos ellos en Estados Unidos: Brad Williams, de Wisconsin y al que algunos han llamado el Google humano; Rick Baron, de Cleveland y un tercer caso, todavÃa anónimo en el sur de California.
Al contrario que Jill, estos tres hombres son zurdos y su memoria no les supone ningún tipo de tormento. Aunque, igual que ella, sà que presentan la misma tendencia compulsiva a coleccionar cosas, tales como guÃas de televisión, pelÃculas viejas o similares.
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PS: Gracias a mi amiga Arbocenk por recordar este tema y sugerÃrmelo.
PS(ii): Coincidiendo con la preparación del post, la semana pasada, a través de fogonazos, me enteré de otro cerebro sorprendente, el de Henry Molaison, una persona cuyos recuerdos sólo duraban 20 segundos.
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+info:
- Blessed and Cursed by an Extraordinary Memory in npr
- Total Recall: The woman who can’t forget in Wired.com
- Hyperthymesia in en.wikipedia.org
- The woman who can remember everything in Telegraph.co.uk
- A Case of Unusual Autobiographical Remembering (PDF) by Elizabeth S. Parket et al.
- You Must Remember This: Forgetting Has Its Benefits in WSJ.com


