Archivo para diciembre, 2008

Argentina – Volcán Lanín

On The Road Again: 6 bloggers, 6 automóviles y una aventura por América Latina. Aquí, el blogger Fabio Baccaglioni recorre la Ruta de la Nieve, en Argentina, y sube el Volcán Lanín a pie….



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San Francisco

sanfrancisco San Francisco

UNA CIUDAD QUE SIEMPRE FUE NOTICIA
Desde que los misioneros franciscanos españoles asentaron sus misiones en los 1700, no pararon de llegar a afincarse aquí magnates, locos, chinos, gurúes, japoneses, veteranos de Vietnam, chicos y chicas del flower power, poetas beatnicks, artistas y buscadores de oro. El oro hallado en las montañas cercanas pobló aceleradamente esta península a mediados del 1800. Y a nadie le importa que la ciudad misma esté sobre la Falla de San Andrés, donde se rozan dos gigantescas placas tectónicas submarinas que provocan terremotos colosales como los de 1812, 1865, 1906 y el de 1989, que destruyó la ciudad y desplazó parte de ella seis metros más al norte.

Parece que estar aquí vale la pena a pesar de cualquier riesgo.
San Francisco siempre fue un lugar joven, quizás por el hecho de que está poblada por los estudiantes que asisten a sus cuatro universidades. La ciudad de las colinas junto al mar siempre se supo acomodar a los tiempos para no pasar jamás de moda. En los ’50 era el lugar de la generación de los beatniks y los poetas malditos. En los ´60 fue la capital hippie mundial, que tenía su epicentro en el barrio de Haight-Ashbury, donde nacieron las bandas de rock como Grateful Dead y Jefferson Airplane. Al mismo tiempo, los estudiantes de la Universidad de Berkeley enfrentaban a la policía, mientras que en el vecino Oakland nacía el primer grupo de activistas por los derechos de los negros, las Panteras Negras. En 1970 se formó el movimiento por los derechos de los homosexuales y la ciudad llegó a tener un intendente gay, George Moscone, que fue asesinado por un policía reaccionario.
Con la llegada del SIDA como flagelo de los gays, se incentivó la cruzada, se comenzó a celebrar la feria de Folsom Street y de Castro, a puro descontrol homosexual. En los ´80 fue el sitio de los ciber-yuppies de Silicon Valley. Y en los ´90 fue el reducto New Age de los seguidores de las terapias alternativas que se desarrollan en Esalen, al sur de San Francisco.

Sea cual fuere la onda del siglo XXI, una cosa es cierta: San Francisco siempre es actual y joven, porque se adapta a los cambios con una facilidad pasmosa, y en ella la vida se vive día a día.

UNA VUELTA POR PACIFIC HEIGHTS
La ciudad parece haber sido diseñada por un loco. Si las calles suben y bajan de manera dramática se debe a que nadie se molestó en trazar la urbe adaptando los planos a la topografía del terreno. En el mapa todas las manzanas aparecen absolutamente rectas. Pero en los hechos, hay calles que bajan abruptamente y suben en ángulos absurdos, como sucede en la zigzagueante Lombard Street, que sirvió de escenografía para alocadas carreras de autos en muchas películas de acción.

Subiendo y bajando por calles que parecen el dibujo de un electrocardiograma con taquicardia se descubren barrios como Pacific Heights, una zona elegante sobre una loma, con casitas que parecen casas de muñecas en tamaño grande, de estilo victoriano. Las casas de Webster Street Row, parejas, blancas, bonitas, han sido declaradas Monumento Histórico. Se construyeron en 1878 pero parecen recién terminadas. Una de las más ornamentadas y llamativas es la del 2004 de la calle Gough. Una buena visión de estas mansiones de los magnates del oro y la industria azucarera se contempla en el Lafayette Park.

A sólo cuatro cuadras de allí, el parque Alta Plaza te permite sacar fotos panorámicas de la ciudad y de los pequeños palacios de madera de fin de siglo realizados con cúpulas de tejas, balcones y paneles donde la madera imita a la piedra y al hierro. Muy cerca está el Fillmore Auditorium -frente al Japan Center- donde hubo mega-recitales de monstruos del rock como los Grateful Dead con Miles Davis, Jimmy Hendrix, The Who y Janis Joplin.

En contraste, lo más moderno de la ciudad es el Moscone Center, un centro de convenciones y de expresiones artísticas construido bajo tierra para no quitarle el verde al parque Yerba Buena, que ahora cuenta con tiendas, restaurantes y galerías de arte.

TRANVÍA ESTILO MONTAÑA RUSA
Las calles no toleran otra manera de transporte. Y hay que tener pulmones entrenados para andar a pie. Lo mejor siempre es trepar al tranvía que es símbolo de la ciudad. Este simpático transporte sube y baja las calles empinadas y curvadas sobre las 43 colinas de la ciudad de San Francisco.

Cuenta con tres líneas que cubren 25 kilómetros de curvas y bajadas tipo tobogán. El conductor toca una campanilla en cada esquina, a la vez que libera artesanalmente el enganche de la polea para poder doblar. Una ancianita se asoma al balcón y lo saluda tocando una gran campana de bronce. Y toda esta complicidad callejera -más digna de un Trencito de la Alegría que de un transporte serio- se debe a que un tal Andrew Smith Hallidie se horrorizó en 1873, al ver cómo los carros subiendo cuestas empinadas rodaban cuesta abajo arrastrando consigo a caballos exhaustos.
Queriendo evitar esto, este fabricante de cables de acero logró instalar tranvías y llegó a tener 8 líneas y 600 coches. En verano se realizan competencias musicales de timbres y campanillas por parte de los choferes de tranvía. Y ese día nadie se queda sin ver el ruidoso show tranviario en Union Square.

Por dos dólares el viaje, con el tranvía podés recorrer San Francisco de cabo a rabo en cualquiera de sus tres líneas. La más popular es la Powell-Hyde, que tiene una bajada que corta el aliento en el tramo final de Nob Hill hasta la bahía. Las rutas a Nob Hill, Chinatown y Fisherman Wharf terminan en la intersección de las calles Powell Street y Market Street, donde cada tranvía ingresa a una plataforma giratoria en la que el tranvía se hace girar, empujándolo a mano, unos 180 grados para que quede mirando como para iniciar el camino de regreso.
Hay buses, trolebuses, bicitaxis y subtes (el “BART”) que te llevan a todas partes. Pero ninguno de estos medios de transporte es tan particular y divertido como el tranvía, donde los paisajes no están filtrados por ventanas, y la consigna es tragarse a bocanadas el aire de mar mientras te agarrás fuerte de donde sea y te bajás donde más te guste. Los expertos los están poniendo en condiciones para que puedan seguir rodando cuesta abajo durante cien años más.

EL BARRIO HIPPIE DE HAIGHT ASHBURY
Si lo que querés ver es un barrio psicodélico y divertido con fachadas multicolores, tenés que conocer Haight Ashbury (al norte de las colinas Twin Peaks) que fue la capital del hippismo en los ´60. Este barrio que fuera refugio de los cultores del flower power conserva de esa gente un ambiente bohemio y relajado, bares alegres y coloridos, restaurantes vegetarianos, reductos para escuchar buena música en vivo y comercios dedicados a la venta de ropas de tye-dye (como ellos llaman al batik), prendas tejidas en telar, piezas de origen indígena y lánguidos vestidos de bambula para usar con sandalias y collares de mostacillas, que se lucen junto a pirámides de cristal y otros objetos de tipo New Age. Aún se ven algunos hippies tocando la armónica, tomando sol en la vereda, y rodeados por una halo de perfume a sándalo y mirra de sahumerios artesanales.

El dato insólito es que el poste que indica la esquina donde se unen las calles Haight y Ashbury siempre desaparece. ¿Por coquetería barrial? No: porque los nostálgicos del movimiento hippie de los ´60 se lo llevan, sin permiso, en recuerdo de una época en la que “sociedad de consumo” era una mala palabra y el cielo era el límite. Como se calcula que se trata de un hurto producido por un exceso de amor al barrio, la comuna hace la vista gorda y se limita a reponer periódicamente el cartel arrancado de cuajo.

Como siempre sucede con los lugares “alternativos”, el barrio se volvió más comercial y sofisticado. Pero las guitarras siguen sonando por las noches, con baladas que nos dan la ilusión de que el software y hardware del vecino Silicon Valley jamás le hubieran ganado la pulseada a los sahumerios y el batik.

INFO:

¿CÓMO LLEGAR?
Si venís en auto, llegás antes por la Highway 101 que va de Los Angeles hasta Oregon.

La Ruta Interestatal 280, que corre paralela, es mucho más tranquila. Pero el mejor acceso es la Ruta 1: donde el camino se hace más largo pero mucho más bello, bordeando el océano y cruzando parques nacionales. La Ruta Interestatal 5 es la más rápida pero es mucho más aburrida: en 7 horas de bostezos estás de vuelta en L.A. Si tenés tiempo para recorrer, acordate que por la Interestatal 580, yendo hacia el este, a 340 km encontrás el Parque Nacional Yosemite con montañas, lagos y géiseres.
¿CUÁNDO IR?
La primavera es la mejor temporada climática para ir.

IMPERDIBLES
Tomar la línea Powell-Hyde del tranvía para recorrer San Francisco hasta las calles Powell Street y Market Street

Appalachian National Scenic Trail

pic Appalachian National Scenic Trail

UN SENDERO CON MILES DE FANS
Si lo que más te gusta es caminar entre picos nevados, bosques de pinos y arroyos de montaña, con excepcionales vistas a lagos turquesas y, allá a lo lejos, el mar: tu lugar ideal te está esperando en la costa este de los Estados Unidos. Un sendero interminable que zigzaguea entre las cumbres y valles de los Montes Apalaches, un recorrido que te dará suficiente kilometraje como para caminar durante meses por caminos de lo más variados y alucinantes.
Todo empezó en Vermont, en el año 1900, cuando Benton Mac Kaye, un caminante veinteañero, trepó a la montaña Stratton en busca de rincones hermosos y agrestes. Veinte años después, Mac Kaye escribió un artículo en el Journal of the American Institute of Architects llamado “The Appalachian Trail: Project in Regional Planning” (“El Sendero Apalache:

Un proyecto de Planificación Regional”), en el que proponía abrir una ruta para caminantes que siguiera el recorrido de estas montañas.
Como unos cuantos adhirieron a la idea, en 1938, se inició el proyecto de abrir este camino. Participaron grupos privados, empresas, pobladores, parques nacionales y regionales y las municipalidades de todos los estados surcados por la cadena montañosa.
Desde 1940 el camino creció, se amplió, cambió, se enriqueció con senderos secundarios y fue llenándose de adecuados refugios, miradores y escalinatas de leños y piedras.

CLUBES DE CAMINANTES
Existen más de 650 asociaciones de trekkers de los Apalaches en todo Estados Unidos. Son organismos sin fines de lucro que congregan a grupos de caminantes para animarse a la aventura, compartir experiencias y sugerir paseos por caminos aledaños. Cada asociación provee mapas, organiza grupos de salidas en fechas determinadas y estudia el terreno para que sus miembros disfruten al máximo, informando novedades, paseos, avistamiento de aves, recomendando rutas, glaciares, bajadas hasta paisajes increíbles y recorridos panorámicos. Pero eso sí: siempre a pie, y muchas veces durmiendo en la carpa que uno mismo lleva en su mochila.

Los mejores planos, mapas y guías del Appalachian Trial (AT o “Ei Ti” para los que lo conocen) son provistos por estas entidades, que tienen el ingenioso recaudo de diseñar la guía con planos y explicaciones para la ida, y para la vuelta… para que no tengas que tomarte el trabajo de leerla al revés si venís de norte a sur y no de sur a norte.

Algunos de estos clubes de caminantes tienen 500 miembros y otros reúnen más de 100.000, pero todos se dedican a tratar de que sus socios pasen la mejor de las estadías en esta senda.

El AT se toma y retoma cuando y donde vos quieras, gracias al fácil acceso que tiene hacia rutas y autopistas. Y como esta senda se encuentra siempre a menos de una hora de distancia en auto desde cualquier poblado o ciudad de la costa, siempre es fácil acceder a ella y es imposible resistirse a sus atractivos.

COMO UNA AUTOPISTA DE ALTURA PARA PEATONES
Los Apalaches son las montañas más viejas del territorio americano, con 200 millones de años de antigüedad. La parte más elevada del sistema tiene aproximadamente 2.400 km de longitud y varía entre los 160 y los más de 480 km de ancho. Su altitud aproximada oscila entre los 460 y los 2.130 metros.

El sendero es el sueño del caminante: 3.400 km sin interrupciones en terreno americano, más otros 850 km en territorio canadiense. Cruza 14 estados norteamericanos en los cuales 34 organizaciones protectoras del medio ambiente se encargan de su conservación y protección. Por ende, es la senda señalizada más larga del mundo, indicada con carteles o rocas pintadas.

A lo largo de los Apalaches te cruzás con ríos de nombres históricos como el Potomac, el Delaware, el Rappahannock, en viaje hacia el Atlántico; y el Tennessee, en viaje a las praderas del lejano oeste.

En el extremo norte te espera la costa rocosa y la visión del mar en Maine, con los espectaculares cabos graníticos de la montaña Cadillac, en la isla de Mont Desert, la más grande del estado. Esta es la zona de las encantadas White Mountains, que se extiende hasta las colinas de Terranova en Canadá.
El camino norte va hacia New Hampshire y Vermont, donde la senda se tuerce hasta el monte Katahdin, conduciéndote a paisajes naturales de lo más agrestes, sin que esto signifique que -como todo a lo largo de la AT- no vayas a encontrar campings impecables, sanitarios relucientes, buena señalización, pasamanos en los tramos peligrosos y zonas para fogones en medio de parques naturales y reservas forestales.

EL ESCARPADO TRAMO INTERNACIONAL
Hasta hace poco el recorrido habitual iba desde Springer Mountain, en el estado de Georgia hasta el Monte Katahdin en el estado costero de Maine, limítrofe con Canadá. Pero muchos caminantes se pusieron a pensar por qué finalizar allí el recorrido si la formación geológica de los montes Apalaches no terminaba allí; podía continuar en una senda internacional hasta Canadá.
De hecho, miles de caminantes ya se colaban del otro lado del límite, conquistando cumbres, observando aves o pescando con mosca. Las provincias canadienses de New Brunswick y Quebec son la prolongación natural del mismo paisaje de montañas, y la senda se puede prolongar hasta el Cabo Gaspé en Québec, un sitio lleno de ríos de montañas, abundantes en truchas y salmones, picos nevados y cielos surcados por aves migratorias.
En el Día Internacional de la Tierra, el 22 de abril de 1994, se anunciaron planes en firme para extender el sendero hasta Canadá. Pero recién en este año se inauguró la extensión, penetrando a Canadá por el Parque Provincial Mount Carleton, y el Parque de la Gaspésie hasta la Reserva Provincial de Chic Chocs, yendo hacia la costa hasta terminar en la punta del Cabo Gaspé.

Aunque esta parte final del tramo canadiense suma un total de 832 kilómetros, su abrupto relieve, que sube y baja sin cesar, hace que parezca mucho más largo. La parte canadiense del AT es muy escarpada y difícil, y se necesita buena práctica y mejores zapatos para recorrerla. El que no está en buen estado físico, se cansará muchísimo… o estará tanto tiempo intentándolo que terminará en excelente estado físico.

Desde la frontera de Maine con Canadá hasta el Cabo Gaspé se llega en unos dos meses de caminata dificultosa entre rocas y riscos, sorteando alambrados de terrenos pertenecientes a empresas madereras y papeleras. Los clubes de trekkers están incitando a sus miembros a recorrer la zona canadiense, justamente para que las empresas que no ven con agrado que caminantes de todas partes crucen sus bosques, se acostumbren a su presencia y reconozcan la necesidad de que exista el International Appalachian Trail. De este modo ahora podés recorrer los Apalaches de punta a punta, haciendo caso omiso de las fronteras internacionales.

De alguna manera, las organizaciones de trekkers del Appalachian Trail consiguieron demostrar en los hechos que las bellezas naturales son de todos y que se extienden mucho más allá de las fronteras impuestas por el hombre.

INFO:

¿CUÁNDO IR?
En invierno hay demasiada nieve. Y si tu idea no es aprovechar las pistas de esquí, lo mejor es ir en verano, de junio a septiembre; aunque Vermont en otoño es una gloria de rojo y dorado.

¿CÓMO LLEGAR?
Desde cualquier ciudad del este, yendo hacia el oeste, te chocás con los Apalaches, que nacen en Alabama como colinas. Hay sectores más urbanizados, como los Catskills, llenos de casinos y hoteles de fin de semana; y sectores de kilómetros de bosque intacto, como en la zona que recorre Carolina del Norte y del Sur, y el estado de Virginia.
RECOMENDACIONES
Estudiar bien las rutas que cruzan el Appalachian Trail para poder planear con cierta coherencia dónde tomar el sendero y dónde abandonarlo, y qué transportes te llevan de vuelta a alguna ciudad. No pensarás hacerte cuatro mil kilómetros de golpe, ¿no?

IMPERDIBLES
Los panoramas marinos desde el tramo canadiense hacen que valga la pena extenderse hacia el tramo nuevo de la senda.

Toronto

toronto Toronto

Si creías que Toronto se conoce en un día, estabas equivocadísimo. Esta ciudad es una de las más grandes de Canadá, y está llena de sitios para visitar, actividades culturales y paseos para disfrutarla a pleno. Toronto significa “lugar de encuentro” en la lengua de los indios hurones. Y lo sigue siendo, ya que está habitada por miles de inmigrantes de todo el mundo. La capital de la provincia de Ontario forma parte de la zona urbana conocida como Golden Horseshoe (“La herradura de oro”), que bordea la costa occidental del lago Ontario.

Gracias a la amplia política de inmigración, Toronto recibió en los últimos doscientos años una variada y abundante masa de inmigrantes de más de 80 culturas diferentes que conforman sus 3,8 millones de habitantes. Ellos enriquecieron a la ciudad étnicamente de modo tal que caminar por Toronto equivale a dar una vuelta al mundo en 80 pasos. En esta ciudad cosmopolita encontrás Portugal Villa, una enorme Chinatown, Little Budapest, Little Italy, Little Poland, Greektown, Little India, Koreatown y el área que rodea a la Bathurst Street, poblada por la comunidad caribeña. Cada una de estas zonas no son ghettos, sino escenarios de Toronto que, con los aromas de sus platos y sus tradiciones típicas, rescatan su propia identidad y conviven en absoluta armonía. Tantas culturas distintas han logrado además que la vida en Toronto esté llena de fiestas y celebraciones tradicionales: desde el festival de salsa y merengue llamado Caribeana -que recuerda al estilo de vida de los trópicos- hasta el gigantesco Pow-Wow (reunión de indígenas de distintas partes del país) celebrado en el Anfiteatro del Sky Dome. Este anfiteatro es otro de los puntos deslumbrantes de la ciudad. Es el único estadio del mundo con techo retráctil. Y dentro de él está el famoso Sky Dome Hotel, donde los fanáticos del deporte pueden ver el partido, o el Pow-Wow, por la ventana desde la misma cama. El estadio está junto a la CN Tower, una torre de 187 pisos y 553 metros de altura que se ve de todas partes, es el punto de referencia de Toronto y la antena de comunicaciones para todo el país. Además tiene un restaurante giratorio que te ofrece una vista área de toda la ciudad. Sólo desde la torre te podés dar cuenta de todo lo que la ciudad junto al lago tiene para ofrecerte.
LA CALLE MÁS LARGA DEL MUNDO
Toronto nació en 1750 como un puesto de comercio de pieles establecido por marinos franceses. Los ingleses fundaron la primera colonia en 1793 con el nombre de “York”. En 1815, los americanos lograron su independencia y en 1867 -debido a su cómodo puerto protegido y de fácil acceso a los lagos Ontario y Hurón-, fue denominada capital de Ontario.
Esta modernísima ciudad está interconectada por galerías subterráneas atestadas de comercios y restaurantes, fuentes y cascadas, climatizadas aún cuando afuera haga 30 grados bajo cero. Toda esta red de túneles forma una suerte de segunda Toronto subterránea, en la que se pueden pasar días sin asomar la nariz. La costanera junto al lago -llamada “The Beaches”-, tiene una gran cantidad de bares y almacenes de antigüedades ubicados en antiguas casas de los años ´30. Es recomendable un paseo por el barrio irlandés de Cabbagetown (Pueblo de Zapallos), una zona de antiguas casas recicladas, parques y jardines, llamado así debido a que los inmigrantes cultivaban zapallos en los jardines delanteros.

Toronto figura en el Libro Guinness de los récords por tener la calle más larga del mundo: la Yongue Street mide 1.896 kilómetros de largo, extendiéndose desde la orilla del lago Ontario junto al viejo puerto, hasta áreas residenciales, zonas rurales y aldeas de indios, dejando detrás ríos, lagos y florestas.

Un ómnibus antiguo da una vuelta completa y guiada por la parte vieja de la ciudad. El boleto por el día te permite bajar y subir todas las veces que quieras en cualquiera de los puntos turísticos principales. Si lo que querés es recorrer el lago Ontario y sus islas, hay once empresas distintas que parten del puerto realizando desde excursiones en catamarán hasta cenas románticas con baile a bordo.
Junto al lago está el Queens Quay, un muelle con más de cien comercios repletos de bellas artesanías canadienses. Otro muelle es el Harbourfront Antique Market, especializado en antigüedades. En el Harbourfront Centre se pueden disfrutar festivales y shows durante todo el año. Del Westin Harbour Castle Hotel parten los ferries y lanchas que llevan a islas como Centre Island, que tiene a “Centreville” -una réplica en miniatura de una ciudad de Ontario del siglo pasado, en una escala de 1/12-. En Hanlan’s Point se puede descansar en hermosas playas.

TODO PARA VER, COMER Y HACER
Si algo no falta en Toronto son espectáculos: cuenta con 44 salas en total y más de 140 compañías artísticas, que ubican a la ciudad como el tercer mayor centro de teatro de habla inglesa. Se puede asistir a una falsa fiesta de casamiento o al “Festín del Rey”: una cena totalmente medieval, en un castillo con juglares y caballeros de armaduras.
Los platos típicos imperdibles son el salmón y el venado, sus vinos se caracterizan por la delicadeza de su sabor. Las palmas se las lleva el insólito y delicioso Ice Wine (“vino de hielo”), que debe su nombre a que está hecho con racimos cosechados después de congelarse en la misma viña. Una vez prensadas, las uvas congeladas largan un jugo muy dulce que produce un vino con aroma a vainilla, nuez y miel. En el mercado de St. Lawrence (“St. Lawrence Market”) de los sábados en la Front St. se puede saborear una increíble cantidad de exquisiteces: caviares nacionales e importados y peces ahumados, entre los que se destaca el “American Candy” (Caramelo Norteamericano), que es salmón canadiense curado con jarabe de arce y espolvoreado con pimienta. Los viejos depósitos del siglo pasado que bordean la calle alojan modernísimas oficinas, restaurantes y pubs donde se mezclan con gusto las construcciones antiguas con estilos ultramodernos.

DIVERSIÓN ESTILO CANADIENSE
Llegar a Canadá significa moverse sin parar. Los canadienses pasan tantos meses de invierno encerrados, que cuentan con una amplia gama de actividades culturales. En cambio, en cuanto sale un poco de sol están siempre afuera, aprovechando el corto verano. Existen 24 servicios distintos de visitas guiadas que ofrecen tours históricos por la ciudad, desde una vuelta explicada por la periferia de Toronto con visita a las Cataratas del Niágara y los Whirlpool Rapids (Rápidos del Remolino) para los que prefieren la aventura, y paseos por los viñedos y bodegas, hasta el Tour Fantasma, un recorrido nocturno por casas tradicionales y “embrujadas”, acompañado por relatos de terror.

Otro lugar muy atractivo es el Cullen Gardens & Miniature Village, un inmenso jardín botánico con aves exóticas y una réplica de la antigua Toronto en miniatura, con juegos infantiles, feria artesanal, música en vivo y un amplio centro comercial. Pero lo más canadiense de todo es Chudleigh´s, un sitio donde la consigna es convertirse en granjero loco, trepar por gigantescas parvas de heno recién cortado, revolcarse en granos de maíz, cosechar manzanas y ordeñar vacas, probar jarabe de arce, castañas y pan recién horneado bailando música country sintiéndose un verdadero campesino canadiense.

Toronto es el lugar ideal para comprar artesanías indígenas, valiosas antigüedades europeas o sorpresas muy económicas en sus variados y concurridos mercados de pulgas. Se pueden ver óperas rock, conciertos de orquestas de todo el mundo y shows de los principales exponentes del rock actual.

INFO:
¿CÓMO LLEGAR?
Hay vuelos regulares hasta Toronto, o que hacen previamente una escala en Nueva York o Montreal, ciudades muy cercanas.

¿CUÁNDO IR?
En esta ciudad hay fiestas importantes. En junio se festeja el Caravan, un interesante intercambio de música étnica, comida y bailes tradicionales de todo el mundo. Paralelamente se realiza el importante Gay Pride Day Parade (Desfile del Orgullo Gay) que inunda de bizarra alegría el centro de la ciudad en junio. En septiembre se lleva a cabo el importante Festival Internacional de Cine, que congrega estrellas de todas partes.

IMPERDIBLES
¿Conocés algún otro lugar donde se pueda esquiar de noche en las pistas de esquí nocturno, como en las vecinas Blue Mountains?

Los destinos más románticos del mundo

¡El amor! En algunos lugares se siente más cómodo. Rodeado de agua, encantado por el murmullo de las olas,
con la mirada perdida en el azul infinito, contenido como en el abrazo del amante… Meloso, pero envidiable.
¿ Qué debe tener un destino para ser romántico?
a) Debe ser muy lindo
b) Debe garantizarte experiencias memorables
c) Debe ser especial y distinto a todo lo conocido, pero a la vez confortable
Todos los lugares que presentamos a continuación tienen las tres características: en ellos vas a encontrar fantásticos panoramas, lugares encantadores y, además, esa calidez especialmente acogedora que deben tener los lugares románticos.
Es algo indefinible, que te impulsa a salir a ver cosas bellas y juntar vivencias placenteras, y a la vez te lleva a refugiarte rapidito en algún lugar íntimo para intercambiar experiencias y besos… ¿se entiende?

Koh Samui, Tailandia
tailandia2 Los destinos más románticos del mundo

El destino más salvaje de nuestro menú, para llegar con un bolsito, una lona y dos pares de ojotas, nomás.
Koh Samui es una islita al sureste de Tailandia, tan pequeña que no aparece en los mapas. Las islas más populares de Tailandia son las de Phuket y la isla Phi Phi, en la costa oeste de la península. Pero de Koh Samui -y sus hermanas, Koh Phangan y Koh Tao-, sólo tienen noticias quienes preguntan mucho por un lugar agreste, bello y barato.

A Koh Samui se puede llegar en avión, desde que abrieron el aeropuerto en la isla. Si llegás en barco, las aguas del mar son de color turquesa verdoso, y cada tanto se ven delfines rosados en la superficie. En el puerto te espera una camioneta que corre por un camino apretado entre un frondoso bosque de cocoteros, donde casi no entra el sol tropical.
Sobre la playa de Chaweng, hay una hilera de bungalows muy simples, hechos con cuatro paredes de mimbre y caña, una estera de soga sobre el suelo y una puertita de madera. No hay camas ni colchones. Sólo hamacas amarradas a las palmeras a lo largo de la playa. El baño es otro bungalow, con ducha, una canilla y una letrina, común para todos. Y no hace falta más. El bungalow cuesta dos dólares y medio por noche. Pero dormís sobre la misma playa, podés ver el amanecer, nadar todo el día, sumergirte junto con peces de colores, comer pescado fresco con leche de coco… y no hacer otra cosa. Es relajado y placentero vivir sobre la arena tibia, dedicándose solamente a recorrer otras playas entre caletas y bahías y mirando las artesanías del pueblo, donde todo es tan barato que cuesta tentarse. Coral Cove con sus peces de colores y la playa de Lamai con sus barquitos pesqueros se suceden entre sencillos bungalows que se alquilan sobre la playa. La cascada Na Muang y los templos budistas de Khunaraam y de Laem Saw son otros de los paseos que se hacen a paso tranquilo para llenar días de paz, donde el apuro no existe y no existen las llaves ni los cerrojos. Es acá donde a la noche la Vía Láctea se ve como lo que significa: un río de leche blanca incandescente partiendo el cielo en dos. Es el borde del disco que forma nuestra galaxia. Y uno se siente en el mejor lugar de toda ella.

Isla Mauricio
isla mauricio Los destinos más románticos del mundo

Playas de color blanco como la nieve que se transparentan por debajo de un agua turquesa. Ya desde el avión se adivina que la isla Mauricio, de 1.865 km2, en medio del Océano Indico -que fue colonia alemana, francesa e inglesa- es el único pedacito de paraíso. Al sudeste de Africa y a 800 kilómetros más al este de Madagascar, la isla tropical sólo es visitada por un turismo muy selecto, ya que queda bastante lejos de todas partes, y a 12 horas de vuelo de Europa. Es república desde 1991 y el paisaje tiene colores impresionantes que permiten ver hasta muy lejos con absoluta claridad. El horizonte color zafiro parece que se puede tocar con las manos, y hay unos resorts exclusivos que te permiten pasar de la piscina al mar, disfrutar del sol, y llegar a tu habitación para ver que alguien tuvo el recaudo de llenar tu cama de pétalos de flor y rodearla de una gasa blanquísima para que no haya insecto que perturbe tu sueño.

La Isla Mauricio forma parte del archipiélago de las Mascareñas, junto con las islas Reunión y Rodríguez. Desde que fue descubierta, en el siglo XVI, la isla fue colonizada sucesivamente por indios, chinos, criollos, africanos, europeos y malgaches que cohabitan en perfecta armonía, respetando las tradiciones de cada uno aunque estrechamente vinculados a sus propios orígenes. Toda esta mezcla humana comparte feliz el séga, un baile sensual que llegó de Africa en el siglo XVII.
Port-Louis y Perebére son las playas más importantes de la costa oeste, exótica, volcánica y de aguas cálidas, sombreadas por cocoteros que parecen querer nadar, combados sobre las olas. Allí se encuentra Grand Baie, la zona más exclusiva con numerosos restaurantes indios, chinos, criollos y franceses, donde podés escuchar música y tomar cerveza hasta el amanecer. Desde los 550 metros del monte Morne Barbant se divisan las magníficas playas del norte y el sur: un collar de distintas perspectivas de arena blanquísima, bañadas por un mar cálido. Un lugar para cantar canciones de amor en inglés, en francés patois y en creole.
Cartagena de Indias, Colombia
Los que fueron a Cartagena de Indias te aseguran que ahí no hay que ir solo, sino en pareja. Es una encantadora ciudad amurallada colombiana de historia rica, paseos variados y fascinantes centros comerciales. Fue fundada en 1533 y las murallas y defensas que rodean buena parte de la ciudad te sumerge en la época de piratas y corsarios que se disputaban esta ciudad abundante en esmeraldas de las minas de Muzo y Chivor. La excelente hotelería te permite elegir entre hoteles súpermodernos con absolutamente todo incluido, dormir en un convento del siglo XVIII restaurado y con todas las comodidades, o alojarte en bungalows de la Isla Pirata, muy confortables, pero con los pies siempre en la arena de la isla frente a la ciudad.

La fortaleza de San Felipe, el pueblo pesquero de La Boquilla, las Islas del Rosario y las playas circundantes te dan un espectro amplio de actividades para realizar siguiendo los pasos de García Márquez, un enamorado fiel de esta ciudad. Los sábados a la tarde parte del puerto el crucero “Rumba Express”, que ofrece música tropical en vivo con baile y cena a bordo, casino, show estilo Las Vegas y compras libres de impuestos hasta la madrugada.
Lo más divertido de Cartagena es “La Chiva”, ómnibus abierto pintado de colores en el que viaja una banda tocando música, recorriendo la ciudad y parando en los bares más conocidos, para darte tiempo a probar los típicos rones colombianos.
Del parque de enfrente al Hotel Caribe salen coches tirados por caballos, que se pueden alquilar para hacer un romántico recorrido de una hora por la ciudad vieja pasando bajo los balcones de hierro forjado y junto a la muralla de piedra musgosa para terminar la noche bailando en La Vitrola. En la Calle del Arsenal hay una serie de restaurantes pequeños y bares acogedores junto a marisquerías donde se bailan vallenatos y bembés. Lo mejor que pueden hacer dos enamorados es cerrar la noche con un trago en el mirador de la torre del antiguo Bodegón de la Candelaria, donde un pianista te hace mecer los pies con melodías románticas. Mientras tanto, bajo los farolitos coloniales, podés mirar el mar imaginando historias de corsarios, galeones piratas y tesoros hundidos.

Hawai, Estados Unidos
hawai Los destinos más románticos del mundo

Tenés que cruzar todo América Latina y después cruzar todo el Oceáno Pacífico para llegar a un lugar del mapa en que cuesta adivinar cómo hacen los pilotos para ubicarlo y aterrizar sin perderse en el infinito azul del mar.
Se trata del archipiélago de Hawai, que son cinco islas de bandera norteamericana, con paisajes polinesios y clima tropical.
Lo mejor de Estados Unidos -limpieza, hotelería, restaurantes espectaculares, producidos pero de comida abundante y económica, buenos autos de alquiler- está acá. Lo mejor de la Polinesia -selvas, flores, frutos tropicales, música, tradiciones, cascadas, crepúsculos increíbles, ríos, quebradas y lagunas de aguas azules en medio de la montaña- también está acá. Y lo mejor del trópico -sol durante todo el año, y la posibilidad de vivir en malla y ojotas- también se encuentra acá.
Oahu, Maui, Lanai, Molokai y Hawai son los nombres de esta cadena volcánica de flores gigantes y playas increíbles. Pero lo mejor es que a la noche se iluminan las playas con antorchas de fuego y podés comer en parrillas de lujo donde alguien desgrana en una guitarra suaves canciones polinesias, mientras ves la luna llena brillar en el mar, sabiendo que todo lo demás está a más de 10 horas de vuelo de aquí. Vos y tu pareja, la luna llena, un buen Mai Tai (trago de rhum y jugos) y ganas de besarse en una playa sin viento, hasta que salga el sol. ¿Qué más se puede pedir?

Venecia, Italia
venecia viajes novios Los destinos más románticos del mundo

Aunque es algo obvio hablar de Venecia como destino romántico, pocas ciudades son tan intensamente románticas como la ciudad de los canales, donde el agua siempre te arrulla con su sonido, donde las luces siempre encuentran donde reflejarse, donde siempre hay puentes en los cuales conviene detenerse para admirar ese prodigio arquitectónico que dicen que se hunde, pero no lo hace jamás.

Venecia equivale a palacios rodeados de agua, brumas que se elevan dejándonos la cúpula inmensa de Santa Lucía, viajecitos a Burano y Murano para admirar el vidrio convertido en arte, cenas a la luz de las velas con pianos y violines poniéndole música de fondo a las palabras de amor.
Y te permite pasear con los sonidos medievales: pisadas y el murmullo de las conversaciones, porque a Venecia no entran los autos. En invierno hace mucho frío, pero te da un pretexto más para estar abrazado.

Y aunque la vuelta en góndola parezca un cliché cursi… no hay quien no se emocione al pasar debajo del Puente de los Suspiros con la guía de un gondoliere.
Hasta el escéptico y nihilista de Woody Allen no pudo resistir a su encanto. Venecia es para los enamorados.

Johannesburgo

johannes Johannesburgo

Hay de todo para todos los gustos, y realizado con un impecable estilo arquitectónico que mezcla lo colonial holandés con lo moderno.
Cuando llegué por primera vez a Sudáfrica sentí al instante que estaba en un lugar especial, nuevo, inmenso, pujante. En este país todo es más: el mar es más oleado, los bosques son más verdes, el cielo es más azul, la comida es más rica, la gente se viste con más colores, la música es más pura…
La capital de toda esta gran diferencia es Johannesburgo, ubicada en la provincia de Gauteng y famosa internacionalmente por las reservas de animales más grandes de la región.

LA BÚSQUEDA DEL TESORO
Sudáfrica estaba poblada por tribus aborígenes hasta que, en 1830, los colonos holandeses (boers) emigraron del Cabo a la altiplanicie, en busca de buenas pasturas y tierra fértil para sus cultivos. Por supuesto, así desplazaron a las poblaciones aborígenes hacia zonas más alejadas.
En el año 1886 George Harrison, un explorador australiano, “tropezó” con el depósito de oro más rico del mundo. A partir de ese momento, la zona se plagó de aldeas, dispuestas para recibir a aventureros, pioneros y buscadores de oro que venían de todas partes del mundo.

El oro hizo que las aldeas se convirtieran rápidamente en ciudades modernas, con parques y lagunas artificiales. Líneas férreas y caminos surgieron para unir la zona más rica del continente negro con los puertos de la costa. En el centro de todo esto, creció Johannesburgo, y se convirtió en la “Capital Minera del Mundo”.

UNA MIRADA HISTÓRICA
Cualquier pueblo puede crecer muchísimo gracias a sus minas de oro, pero el arte reside en crecer bien y formar una ciudad atractiva y armoniosa. Johannesburgo logró su cometido. Hay tantas cosas lindas para ver en esta ciudad, planificada en medio de una sabana desértica, que uno se queda admirado por lo que es posible lograr con buen criterio.

Sus plazas son bellas, los edificios más antiguos están impecables, y hay museos tan bien organizados que visitarlos no significa perderse paseos al aire libre, sino sorprenderse con lo que se puede ver puertas adentro. Ejemplo de esto son: el Museo Adler de la Historia de la Medicina que cuenta, entre otras cosas, con un herbario y una auténtica choza de un hechicero zulú; el Museo Bensusan de Fotografía donde podés dar un vistazo a la historia de la fotografía en Sudáfrica; o el Museo Bernberg de Vestidos que exhibe una colección de vestimenta del siglo XVIII.

Por otro lado, si lo que querés es ver la historia de la minería, en diamantes y oro, debés ir a la Cámara de Minería para concertar visitas a las minas de oro en actividad, o a Diamond Cutting Works donde te muestran el arte del corte y pulido de los diamantes.

NATURALEZA A PLENO
Johannesburgo tiene la ventaja adicional de encontrarse a corta distancia -por tierra o por aire- de las reservas de animales más prestigiosas.

Si te gustan los animales, éste es tu lugar: podés visitar los cheetahs en la granja de cría De Wildt Cheetah Farm, o recorrer la reserva de Magaliesberg, donde se encuentra el acuario de agua dulce más grande de África. A esta última se llega en el cablecarril de Hartbeespoort, desde el cual el panorama es único y sorprendente.

También vale la pena visitar el Parque de Serpientes y Animales de Hartbeespoort y el Pilanesberg National Park adyacente que brinda refugio al: kudu, leopardo, eland, jirafa, rinoceronte blanco y negro y a una enorme cantidad de aves.

Al Parque Nacional Kruger y Reservas Naturales se llega desde Johannesburgo y Pretoria, en 4 horas de auto o en 45 minutos por avión. Kruger es la atracción turística por excelencia porque posee más especies de animales que cualquier otro parque africano.

Muy cerca están las montañas Waterberg, una cadena montañosa que se extiende a lo largo de 150 km a través del monte, con pendientes que presentan acantilados verticales e impresionantes formaciones rocosas que te tientan a ver a este continente, con regiones aún vírgenes, desde la cima de sus impactantes montañas.

HABLANDO DE OCIO
Si querés vivir un día de campo, podés ir al Bezuidenhout Park, una estancia que data de los días de la fiebre del oro que cuenta con un centro de recreación con piscina, restaurante y campo de deportes. Además podés visitar la mina de Cullinan, donde se encontró uno de los diamantes más grandes del mundo.
La diversión al aire libre también se encuentra en el Dique Hartbeespoort, donde hay un cablecarril, acuario, zoológico, parque de serpientes y casa de té. Muy cerca está el impresionante hotel -palacio- Sun City, con playas y volcán artificiales, y un lujo recargado, entre impactante y kitsch, producto de la imaginación febril de un millonario visionario.

Los habitantes de Johannesburgo y Pretoria invaden cada fin de semana la zona recreativa de Nyl, Magaliesberg y las orillas del río Vaal donde se puede practicar esquí acuático, jugar con pequeñas embarcaciones o simplemente tomar sol y descansar a la sombra de las sombrillas.

INFO:
¿CUÁNDO IR?
La mejor época es en primavera u otoño. Los veranos son tórridos y los inviernos lluviosos. En abril se realiza el Show del Rand de Pascua, y en octubre vale la pena llegar para el Festival de Jazz Guinness y el Oktoberfest de Pretoria, una interesante fiesta cervecera.

¿CÓMO LLEGAR?
En avión hasta el aeropuerto internacional de Johannesburgo.

RECOMENDACIONES
No dejes de probar platos típicos y bien condimentados como el bobotie, un plato de carne picada picante, sazonada con curry. Los vinos blancos son excelentes, así como las cervezas de tipo lager inglés, como la Castle, Amstel y Lion.

Si te gustan las plantas, The Wilds es una hermosa reserva de plantas autóctonas, absolutamente digna de visitar.

Para llevarse recuerdos sudafricanos el mejor lugar es el mercado de pulgas que los sábados a la mañana aparece en el Complejo del Market Theatre. En Plaza Oriental se encuentra un conglomerado de tiendas de objetos exóticos, donde el regateo es parte de la diversión.

Se recomienda prudencia para salir a la noche, caminar por los sitios más concurridos y siempre en grupo. Pese a que el Apartheid llegó a su fin, la violencia interracial sigue siendo un problema cotidiano.

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