A finales de Agosto del 1835, el New York Sun, un periódico serio, asombró a sus lectores con una serie de artÃÂculos, serios, sobre unos hallazgos llevados a cabo gracias al uso de un novedoso telescopio por John Herschel, uno de los astrónomos más famosos de la época. Los primeros descubrimientos eran apasionantes, pero el último parecÃÂa casi increÃÂble: la Luna estaba habitada por una tribu de hombres-murciélago.

El primer artÃÂculo de la serie fue publicado el 25 de Agosto en la página dos, bajo el tÃÂtulo de “Descubrimientos Celestialesâ€Â. Un fragmento del cual decÃÂa: “Acabamos de saber gracias a un eminente editor de esta ciudad que Sir John Herschel en el cabo de Buena Esperanza, ha realizado unos descubrimientos astronómicos maravillosos, mediante el uso de un inmenso telescopio que funciona gracias a un principio totalmente nuevoâ€Â.
Según el artÃÂculo, Herschel habÃÂa ido a Sudáfrica en Enero de 1834, y habÃÂa instalado un observatorio en la Ciudad del Cabo. Tres columnas de la primera página del Sun contenÃÂan una historia extraÃÂda del Edinburgh Journal of Science. El artÃÂculo estaba firmado por un supuesto doctor llamado Andrew Grant, un supuesto colega de Herschel, y explicaba los avances técnicos que incorporaba el nuevo telescopio.
Los artÃÂculos del 26 y 27 ya describÃÂan lo que Sir John habÃÂa sido capaz de ver mientras miraba la Luna a través de su telescopio. Los artÃÂculos ofrecÃÂa fascinantes descripciones de la topografÃÂa lunar que incluÃÂa vastos bosques, cráteres, grandes lagos, océanos y playas. Los lectores podÃÂan también conocer que manadas de bisontes pastaban por las llanuras de la Luna, que unicornios azules se paseaban por sus cumbres o que unas criaturas anfibias de forma esférica rodaban por sus playas. La fauna lunar no sólo se limitaba a estas criaturas, también contaba con pelicanos, cangrejos, cebras,… En total habÃÂa contabilizado hasta 9 especies de mamÃÂferos.
Para entonces, toda la ciudad hablaba de estos descubrimientos, pero aún quedaba la revelación final, que aparecerÃÂa el dÃÂa 28, el descubrimiento de una tribu primitiva de humanoides peludos y con alas que vivÃÂan en perfecta harmonÃÂa en torno a un templo de tejado dorado. Herschel los llamarÃÂa “vespertilio-homoâ€Â, hombre murciélago. En números posteriores se fueron ofreciendo más detalles de este Templo Lunar, construido de zafiro y cuyo tejado era aguantado por columnas de 21 metros de altura. También se puedo conocer que estos “batman†vivÃÂan en cabañas, más altas y mejor construidas que las de muchas tribus humanas “salvajesâ€Â, y que conocÃÂan el fuego.
En el momento que el interés de los lectores habÃÂa llegado a máximos, el Sun tuvo que informar que desgraciadamente el telescopio de los “milagros†en un descuido se habÃÂa dejado orientado al Sol y los rayos solares concentrados por las lentes habÃÂan quemado un cÃÂrculo de siete metros y medio en el suelo del observatorio dejándolo inservible.
El New York Sun, fundado en 1833, era uno de los periódicos de “prensa a un peniqueâ€Â, que pretendÃÂan atraer más lectores con un precio más barato y un estilo periodÃÂstico más narrativo. El dÃÂa del primer artÃÂculo de la serie su tirada fue de 15.000 ejemplares y el dÃÂa que apareció la noticia del descubrimiento de los hombres-murciélago llegó a los 19.360 ejemplares. En aquellos momentos el New York Sun podÃÂa presumir de ser periódico con la tirada más grande del mundo entero.
Los periódicos rivales estaban desesperados. Muchos de ellos fingieron haber obtenido una copia de los artÃÂculos originales y también hablaban de la historia, aunque realmente reimprimÃÂan los artÃÂculos de el Sun. Otros por el contrario eran abiertamente escépticos sobre la cuestión. En un artÃÂculo publicado del 29 de Agosto en el New York Commercial Advertiser, el articulista se preguntaba cómo alguien con sentido común podÃÂa creer que una historia asÃÂ, con “preparativos que duraron años – una lente de más de 7 metros de diámetro – un donativo de 10.000 libras hecho por el Reyâ€Â, podÃÂa haber pasado desapercibida a los diarios británicos.

Aunque se tardarÃÂa varias semanas en descubrirlo, el tiempo acabó dando la razón a los escépticos, pese a tratarse de una historia sensacional, era totalmente falsa. Herschel ni habÃÂa observado vida sobre la Luna ni habÃÂa llevado a cabo ninguno de los avances técnicos que se le atribuÃÂan en el artÃÂculo. De hecho, Herschel no se enteró de la historia hasta pasado un tiempo, pues, como correctamente afirmaba el artÃÂculo, estaba en Ciudad del Cabo, aunque haciendo observaciones astronómicas. Una vez se enteró de la noticia se la tomó con humor, tal vez porque sabÃÂa que sus propias observaciones nunca llegarÃÂan a ser tan asombrosas. Sin embargo, empezarÃÂa a molestarse cuando la gente que creÃÂa que la historia era real le empezó a hacer preguntas.
La supuesta fuente de las informaciones, el Edinburgh Journal of Science, de hecho habÃÂa desaparecido hacÃÂa unos años. Y el supuesto autor, Andrew Grant, tampoco existÃÂa. Se cree que lo más probable es que el verdadero “inventor†de la historia fuera Richard Adams Locke, un reportero del Sun que habÃÂa estudiado en la Universidad de Cambridge, aunque él nunca lo admitió públicamente, y siempre se creyó que habÃÂa otros implicados: el astrónomo francés Jean-Nicolas Nicollet , que estaba de visita en Estados Unidos, y el reportero Lewis Gaylord Clark.
Asumiendo que Locke fuera el autor, lo más probable es que su intención fuera crear una historia sensacionalista para incrementar las ventas del periódico y de paso ridiculizar algunas de las teorÃÂas astronómicas más extravagantes que se habÃÂan publicado hasta la fecha, en especial las del Reverendo Thomas Dick. Dick, cuyos escritos eran enormemente populares en los Estados Unidos, habÃÂa calculado en uno de sus best-sellers que el Sistema Solar contenÃÂa 21.891.974.404.480 habitantes. Cifra que puede parecer exagerada, pero no lo es tanto si según esos mismos cálculos la Luna ya contaba con una población de 4.200 millones.
En cualquier caso la mayorÃÂa de lectores fueron incapaces de reconocer las auténticas intenciones del autor y quedaron cautivados por la historia. Y aunque aún hoy en dÃÂa hay una se discute si la gente realmente creyó la historia o sólo se la tomó como un apasionante tema de tertulia, numerosos testimonios de la época nos aseguran que la credulidad fue generalizada. Valga como muestra la visita que un comité de cientÃÂficos de la Universidad de Yale hizo a la redacción del New York Sun con la intención de ver los artÃÂculos originales. Y aunque fueron mareados por los empleados del Sun enviándolos de aquàpara allá, y fueron incapaces de ver los originales, que no existÃÂan, los cientÃÂficos regresaron a New Haven sin darse cuenta del engaño.
A pesar del intenso debate público que despertó la historia, el Sun jamás admitió públicamente que todo habÃÂa sido un engaño. El 16 de Septiembre del mismo año, el periódico publicó una columna en la que discutÃÂa la posibilidad que la historia fuera mentira, pero no confesó nada. Más bien lo contrario, según decÃÂa: “algunos corresponsales no has urgido para que confesemos que todo era una artimaña, pero nosotros no podemos hacer tal cosa, hasta que no tengamos el testimonio de los periódicos ingleses y escoceses para corroborar tal declaraciónâ€Â.
Algunos vieron en esta casi-confesión un intento de humillación de los periódicos rivales, que quedaron en evidencia al haber hecho pasar por propia la información que copiaban de el Sun. La gente en general recibió la noticia positivamente y las ventas del periódico parece ser que no se resintieron.
Años más tarde, el 13 de Abril de 1844, The Sun volverÃÂa a llevar a sus páginas otra historia inventada pero presentada como real, “The Balloon-Hoax†, esta vez escrita por Edgar Allan Poe. Este, “bulo del globoâ€Â, narraba la historia de un tal Monck Mason que habÃÂa sido capaz de atravesar el Atlántico a bordo de su globo en tan sólo 3 dÃÂas. La historia también causó gran revuelo. Gracias a la mezcla de personajes reales con ficticios y una gran cantidad de detalles técnicos que parecÃÂan creÃÂbles, Poe consiguió una historia de lo más creÃÂble en una época de fe ciega en el progreso técnico.
El Sun continuó funcionando hasta el 1950, cuando se fusionó con el New York World-Telegram, el periódico resultante aguantó hasta 1967 cuando desapareció definitivamente. Conviene recalcar que durante toda su vida fue considerado un periódico serio, como los otros dos diarios de la ciudad, el New York Times y el New York Herald Tribune, que eso sàfueron más exitosos. The Sun fue el más conservador de los tres en cuanto a ideas polÃÂticas.
PS: Como curiosidad decir, que el autor de la famosa frase “Cuando un perro muerde a un hombre, eso no es noticia, porque ocurre tan a mundo. Pero si un hombre muerde a un perro, eso es noticia†fue John B. Bogart. un editor del New York Sun.
*foto 1: LitografÃÂa aparecida el 28 de Agosto en el Sun.
*foto 2: Supuestas escenas de la vida en la Luna
*foto 3: Richard Adams Locke, supuesto creado del “enredoâ€Â
*foto 4: Portada del New York Sun del 26 de Noviembre del 1834
*foto 5: El globo Victoria que cruzó el Atlántico en 3 dÃÂas.
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+info:
- Great Astronomical Discoveries Lately Made by Sir John Herschel (los cinco artÃÂculos integros en inglés)
- The Great Moon Hoax of 1835 in HistoryBuff.com
- The Great Moon Hoax in Museum of Hoaxes
- Great Moon Hoax in en.wikipedia.org
- The Great Moon Hoax in history.com