El archipiélago de Lamu, en la costa norte de Kenia, es el más antiguo asentamiento suajili en África Oriental, según la Unesco. En el pasado toda esta franja costera era conocida como el país Zenj, un territorio que vio nacer, crecer y vivir durante más de diez siglos esta gran cultura. Hasta este puerto y hasta los de Mombasa, Zanzíbar, Dar es Salam, Mogadiscio o Comores, entre otros, llegaban y salían antaño enormes navíos cargados de riquezas con las que comerciar en el resto del mundo. Navegantes árabes y persas se mezclaron con las tribus negras que poblaban la costa y dieron lugar a la cultura suajili, palabra, que viene del árabe sawahil, que significa costa. De este mestizaje de hombres y mujeres libres, mecidos por las olas y empujados por el viento surgió el carácter suajili: alegre, hospitalario y fuerte. Un carácter que se nutrió durante siglos de lo mejor de cada pueblo que llegaba a esas costas salvajes y ricas, salpicadas de faluchos que ayer y hoy recorren sin cesar esta zona del Índico, transportando todo tipo de mercancías: antes oro, porcelana y marfil, y ahora, acero, madera de palma o dátiles.
En Lamu escucharás las olas… y el silencio
Lo primero que debes tener en cuenta si decides visitar el archipiélago de Lamu es que aquí no verás grandes monumentos ni paisajes. La visita a las islas de Lamu, Pate, Manda y Siyu se hace a base de pequeños detalles, de calma, de aromas… Lamu es hoy un frasco donde se conserva la esencia suajili: arquitectura conservada, puertas labradas, rasgos faciales de sus mestizos habitantes, o el dialecto suajili ki-amu, en el que están escritos los capítulos más bellos de la historia de este pueblo. Se cree que los primeros pobladores de Lamu pudieron ser persas que huyeron del caos provocado por la muerte del profeta Mahoma, su adaptación a las etnias existentes y su interacción con los pueblos árabes, comerciantes y orgullosos, propiciaron que naciera una nueva cultura. Así fue como se crearon las legendarias ciudades-estado suajilis, de las que Lamu era un buen ejemplo.
Abre bien los ojos
El antiguo malecón de Lamu Old Town, en la isla de Lamu, es la ventana de esta ciudad. Por esta estrecha avenida de tierra roja llamada Harambee Avenue y por la calle principal, la Kenyatta Road, fluye la actividad en Lamu. Aquí encontrarás los restaurantes, los comercios y las pocas oficinas de la isla, un banco, Correos o la Policía. Al llegar la noche, el malecón es también el lugar idóneo para salir a tomar algo o a cenar, los restaurantes y hoteles se suelen convertir en animados locales donde tomar una copa bajo el suave frescor de la noche.
No hay coches en la isla, los habitantes se mueven en burro y en faluchos de vela latina, empujados por vientos como el kakazi, del nordeste, vivificador como pocos, suave y fresco.
El archipiélago de Lamu es territorio musulmán y aunque la convivencia con el cristianismo no es extraña, aquí el islam se afianza con fuerza. Son mucho más comunes los bui-bui, la túnica negra con la que se cubren totalmente las mujeres y las kofias, los gorritos que lucen los hombres, que los coloridos vestidos femeninos llamados kangas.
A los pies del fuerte, que se yergue en el centro de Lamu, se abre la plaza principal, un hervidero de humanidad presidida por dos gigantescos árboles, un m´kungu y un m´ungkunguru, cuyas sustanciales sombras arropan, a todas horas del día, a hombres que mascan miraa, una hierba amarga, juegan al kerame y dejan pasar el tiempo con calma y parsimonia. Si quieres ir a la isla de Manda, basta con que te des un paseo por el malecón de Lamu y preguntes en el primer falucho que veas: os acercarán por pocos chelines.
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