El turismo rural crece de la mano de los visitantes extranjeros
De la mano de los visitantes extranjeros, que el año pasado volvieron a batir un récord a nivel local, el turismo rural sigue creciendo a paso firme en la Argentina. La oferta de lugares y de actividades es tan variada como el paÃÂs. Y hay tarifas para todos los gustos: se puede pasar un dÃÂa de campo, cerca de Capital, con cabalgata y asado incluido, por sólo 60 pesos, pero también hay quienes desembolsan 600 U$S para poder pescar en algún rincón de Tierra del Fuego. Uno de los lugares preferidos por los amantes de ese deporte es la estancia “La Despedida”, con más de cien años de historia.
“La mayorÃÂa de los extranjeros que llegan a nuestro paÃÂs tienen alguna experiencia de turismo rural. Quieren sentirse gauchos al menos por un dÃÂa y conocer nuestras costumbres”, asegura Federico Wyss, responsable del área en la SecretarÃÂa de Turismo de la Nación (Sectur) en diálogo con ClarÃÂn.com. Y agrega: “Ellos disfrutan las cosas que no tienen”. Es que en las estancias y chacras que se dedican a esa actividad pueden ordeñar una vaca, aprender cómo se hace un buen vino y hasta esquilar una oveja. Depende del gusto de cada uno.
Aunque todavÃÂa no se miden las ganancias que dejan para las economÃÂas regionales, se sabe que hay más de 1.200 establecimientos dedicados al turismo rural. La enorme mayorÃÂa están registrados en la SecretarÃÂa de Turismo, que lleva un conteo desde hace ocho años, cuando sumaban apenas 300. En todo ese tiempo, también aumentó considerablemente el número de agencias de viajes que forman parte del rubro. Pero los expertos creen que la actividad puede dar más. “En el mercado local todavÃÂa no hay conciencia de la potencialidad de esta actividad, y la mayorÃÂa de los argentinos sigue demandado sol y playa para las vacaciones”, lanza Wyss.
El rubro es muy amplio e incluye toda actividad que se realice en el campo. “Un cazador y un pescador también hacen turismo rural”, advierte Ernesto Barrera, profesor de la UBA y experto en economÃÂa agraria. Generalmente, detrás de los emprendimientos hay familias con una fuerte tradición en el campo. Muchos de ellos tuvieron que sumarse a la actividad por las dificultades productivas. “La idea es que no dejen de producir y que puedan hacer ambas actividades con los mismos recursos humanos”, explica Wyss. Incluso hay pueblitos enteros, como San Carlos, en la provincia de Mendoza, o pequeños parajes que subsisten con el turismo rural.
Muchos emprendedores vienen de la ciudad y arrancan desde cero en el campo. “Compran tierras y las orientan al turismo. Son los denominados neorurales”, explica Barrera desde la Facultad de AgronomÃÂa, donde enseña las herramientas básicas de esta disciplina (ver recuadro). La falta de experiencia nos los aleja del éxito comercial. “Conocen más del mercado turÃÂstico, por ser viajeros, y a veces están en mejores condiciones para desarrollar un negocio de ese tipo”, asegura el experto.
Raúl y Laura Fontela Vázquez son un ejemplo de ese grupo. Ellos son dueños de “La Plegaria”, un establecimiento ganadero de 1.200 hectáreas ubicado en las afueras de Chacabuco. “Cuando ya tenÃÂa hijos grandes, pensé que queriendo tanto el campo y teniendo vocación de servicio podÃÂa llegar a tener mi propio emprendimiento. Estudié, hicimos algunos arreglos y arrancamos”, cuenta Laura, una ex maestra y directora de escuela primaria. Su marido es un abogado experimentado al que aún le cuesta dejar la Capital.
Hay casos aún más osados. Abel Fechner es ingeniero agrónomo y decidió montar un enorme rancho en medio de la selva misionera. Allàse dedica a criar caballos “cuarto de milla” y a recibir turistas. Para ello construyó unas cabañas muy pintorescas, hechas con piedras y madera de la zona. Los visitantes que llegan al lugar participan de la limpieza y alimentación de los animales, pero también pueden elegir entre una docena de excursiones. “Para màes un sueño hecho realidad que me llena de satisfacciones diariamente”, resume Fechner en diálogo con ClarÃÂn.com.
Otros emprendedores aprovechan los recursos ociosos que les da el campo. En le caso de las estancias, los cascos suelen ser el lugar elegido para hospedar a los visitantes. Si necesitan modificaciones, la premisa es conserva el estilo original del lugar, que suele ser un atractivo en sàmismo. Y casi todos intentan mantener un trato personal con los turistas. Por eso, la capacidad promedio es de diez personas. A eso se suma la belleza de la naturaleza y de los paisajes. “Un arroyo o una cascada no se puede desaprovechar”, advierte Barrera.
Aunque no es un elemento central, hay lugares que se destacan por la calidad del hospedaje. Es el caso de “La Plegaria”, con un casco de 700 metros cuadrados que se distingue por su estilo “colonial moderno”. Una particularidad: las habitaciones tienen el nombre de las flores tÃÂpicas de la estancia (del manzano, de la magnolia, etc). Los dueños ofrecen distintas actividades pero pregonan una en particular: “Fiaca, mucha fiaca”. También se puede encontrar comodidad en “La Reserva”, a pocos kilómetros de Mar del Plata. “La casa es de 1930 pero está refaccionada hace poco”, cuenta su dueña. En el lugar también funciona un tambo y hasta hace poco habÃÂa una fábrica de dulces artesanales.
Fichero archivado: Negocios
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